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MATERNIDAD

Planeada o por sorpresa, es algo estupendo. 

Pero hablemos más allá de lo clicheado. Saber que vas a traer a una persona al mundo genera múltiples emociones de todo tipo y origen. Y lo más común es que todas las emociones suendan en el mismo momento. 

A muchas —me incluyo— nos cuesta trabajo reconocer que lo primero que sentimos es —o fue en su momento—; miedo, mucho miedo, angustia, felicidad, euforia y desasosiego. 

Y es perfectamente normal, no te sientas mal, ni sientas culpa, es normal. 

Recuerdo que yo pasaba noches despierta pensando en todo aquello que podría salir mal —¡error!— Porque cuesta lo mismo pensar en lo que puede salir mal que pensar y visualizar que todo sale bien. 

Ahora, a lo que voy es que pensamos la ilusión del bebé como si éste siempre fuera a ser bebé —tal vez no sea el caso de todas las mamás — pero normalmente es lo que ocurre, sobre todo con el primer hijo. Pareciera que la mente se bloquea a pensar que siempre será pequeño y todas la demás etapas que suceden pasados los 24 meses de edad del crío, se vuelven niveles a desbloquear, de los que “nunca nadie nos habló” —mentira, lo sabemos, nos lo dijeron por todos lados, pero nuestra mente maternal solo quería ver un bebé, chiquito, regordete con cara de querubin, y que siempre fuera así—.

Pasada la depresión post parto y los 24 meses, volvemos a replantearnos nuestro papel de madres. Y no te sientas mal si has llegado a pensar “Eran más baratos los anticonceptivos” “En qué momento tomé esa decisión” y aunque sé que amas a tus hijos como a nada más en este mundo, esos pequeños seres, esponjosos, amorosos, dulces y perfumados que vinieron a transformar tu vida de manera radical. 

Duele porque estas creciendo —si, como cuando duelen las rodillas en la adolescencia —, pero ahora es tu forma de ver la viday el mundo la que cambia de formta —ya no tu cuerpo —.

24 meses nos toma darnos cuenta y adaptarnos a esta persona que formará parte de nuestra vida desde que escuchamos su corazón y para siempre. 

Y comenzamos a ser conscientes de que depende de nosotras la buena, sana y efectiva formación de esa divina personita en crecimiento. 

Entonces empieza la búsqueda de respuestas o herramientas que te ayuden a hacer mejor esa labor y compromiso social de educar y formar correctamente, y vienen tormentas de emociones nuevamente como en un primer momento, pero todo es desde el corazón y desde el amor. 

Ánimo, no te desesperes, no estás sola en la búsqueda de respuestas

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Written by Ay Mis Hijos

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