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Todo lo demás puede esperar

Como adultos, todos los días nos levantamos con una rutina hecha, una rutina rancia por el tiempo que tiene instalada en nuestras vidas, es tan secuencial, que lo hacemos en automático. En mi caso es: salir de la cama medio dormida, tomar mi atuendo del día –que para colmo es un uniforme—, pasar a la ducha, ducharme en orden, shampoo, jabón, esponja, enjuagar, salir. Vestirme, peinarme, tender la cama, ponerme los zapatos —todo con la mente en blanco, pienso como si fuera un robot haciendo lo mismo cada mañana sin poder razonar— poner café, y en el primer sorbo comenzar a despertar… los pensamientos comienzan a activarse, respiro profundo, creo que ya estoy consciente del día que comienza, es como si activara el turbo pero sin salir aun del automático; pensar en el lunch, preparar, cortar, rebanar, colocar, cerrar, rellenar, lavar, guardar, listo el luch. ¡Los niños!, faltan los niños, despertar a los niños, que comiencen a cambiarse, el uniforme, la mochila, —todas las cosas necesarias para ir al colegio—.

Empieza el dia, comienza a correr —y no como un deporte, sino hacer con prisa una actividad y otra continuamente hasta el final del día—. 

El punto central está en “despertar a los niños”. Cuántos nos vemos en la situación de caer en la desesperación en ese momento de despertar a los niños, ya sea porque no despiertan o porque se quedan ahí sentados a los pies de la cama, con un calcetín a medio poner y la mirada perdida en el infinito.

Lo primero es pensar: “¡No puede ser, se nos hace tarde!” Muchos padres comienzan a enfurecer y a gritar maltratando verbalmente al niño, otros llegan al maltrato físico —lamentablemente—. Pero es totalmente normal ese estrés que como adultos vivimos. El problema somos los adultos pues los pequeños no entienden de nuestra prisa, estan nuevos, recien insertados en este sistema de una sociedad mecanicista. 

¿Vale la pena el trauma de que lo maltrates porque TÚ tienes que llegar temprano? Yo pienso que no, no sé tú. 

Por un momento piensa en esto; regresa a tu infancia y trata de recordar lo que hacias tu por las mañanas antes de ir a la escuela ¿era fácil? Muy pocos dirán que sí, y es que el sistema educativo está configurado en función de las necesidades de los adultos. Porque si fuera pensando en las necesidades de los niños, lo más seguro es que los horarios fueran diferentes.

Los pequeños y los no tan pequeños necesitan cubrir sus ciclos de sueño y tiempo de descanso,  que dicho sea de paso son diferentes en cada persona. Hacer sus propias cosas a su ritmo si queremos formarlos como personitas autosuficientes; vestirse solos ¡si! a su paso, atarse solos los cordones de los zapatos cuando ya están en edad de haccerlo, tender su cama —dentro de sus posibilidades motrices, o sea, como puedan—, comer su desayuno y lavar su plato. Estas actividades pueden realizarlas de muy buena manera cualquier niño a partir de los 3 años.

Son pequeñas cosas que tendrán un gran significado en su vida adulta, y que te darán como padre, madre o tutor, mucha satisfacción cuando sean adolescentes. 

Como podrás darte cuenta, te estoy hablando de beneficios a muy largo plazo. Llegar a tiempo siempre…tal vez pueda esperar. Te sugiro algunos tips para que su formación se adapte a tus necesidades rutinarias y todos ganen. 

  1. Crear rutinas, las rutinas en la infancia les brindan seguridad, saber que todo tiene un ritmo y un tiempo y que a una actividad le sigue otra, y otra e identificar cuáles son esas actividades y su duración les da tranquilidad. Ejemplo: jugar – ducharse – cenar – lavarse los dientes – dormir. 
  2. Disminuir el consumo de azúcar le ayudará a conciliar mejor el sueño y descansar mejor, lo que te dará como resultado que en las mañanas este activo más rápido y despierte más temprano.
  3. Realizar una actividad física diariamente, no importa si solo es lanzar la pelota, patear el balón, sacar a caminar al perro, o ir al parque… Lo importante es realizar un rato de actividad física. 
  4. Evitar los videojuegos, y/o dispositivos electronicos ya que estos alteran el sistema nervioso haciéndolos propenso a estados de ansiedad e irritabilidad. 
  5. Leele o leer con ellos al menos 10 minutos diariamente, ayuda a su capacidad de imaginación y concentración. 

Son algunos tips para que tu peque descanse mejor y tus mañanas sean más fáciles. 

Recuerda, todo lo demás puede esperar, ellos van a crecer y en algun momento agarrarán el ritmo, mientras tanto puedes ayudarlos y guiarlos en ese proceso para formar hábitos saludables 

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Written by Ay Mis Hijos

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