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¡Vélo, está frente a ti!

A medida que crecemos nuestra capacidad de atención consciente es cada vez menor. El ritmo de vida, las exigencias sociales y económicas nos obligan a dispersarnos en diferentes actividades. En los últimos años el `smartphone´ se ha convertido en la extensión de nuestra mano, manteníendonos en un mundo alterno a lo que conocemos como “realidad”. Muchas personas gastan buena parte de su día viendo videos, comentarios en redes sociales, fotos de todo lo que desean, tiendas en línea, etc. 

Sin embargo, es terrible ver a una madre o un padre sentados en la mesa de la casa o del restaurante teniendo por mal tercio del tiempo un dispositivo electronico conectado al internet. 

El niño juega con los cubiertos mientras mamá ve Instagram y se toma fotos para que el mundo vea que se una buena mamá, cuando en realidad ni siquiera le está prestando atención a su hijo, el niño la mira ansioso por contarle algo, recordemos que a los niños nunca se les acaban las palabras y cuando eso sucede hay que preocuparse. El niño comienza a contar algo, la madre hace como que le presta atención sin siquiera despegar la vista de la pantalla, el niño comprende que no está siendo atendido, y no es realmente consciente, algo en su interior le dice que es momento de irse a hacer otra cosa, que mamá “está ocupada”. Pensemos, realmente siempre estamos verdaderamente ocupados en el telefono, o la mitad o más la mitad del tiempo solo estamos prestando atención a banalidades que nisiquiera forman parte de nuestra realidad. 

Cuando ese pequeño desatendido llega a la adolescencia entonces veremos a ambos con la atención en el dispositivo, no en la persona que está frente a ellos —y sin juzgarlos, eso fue lo que les enseñaron—, ambos, madre e hijo están absortos en su pantalla, la vida de los dos sucede sin que otro siquiera lo note.

Y es muy común, y parece no tener importancia pero el tiempo mal gastado pasa factura, y ese momento en que pudieron haber conversado, pedido y escuchado consejo, enterado de las mortificaciones del otro. Ese momento compartido, convivido, y reido, ¡vivído! ese instante muere sin siquiera nacer. 

Posteriormente cuando una complicación surja, la madre objetará: “pero no me lo dijiste”, y cuando la madre muera el hijo dirá: “pase tan pocos momentos con ella” 

Queridos amigos lectores, yo les estoy hablando solamente de una situación, pero es situación es repetida exponencialmente, en gran cantidad de familias a lo largo y ancho del mundo.

Los padres tendemos a enrolarse tanto en nuestros quehaceres que “deben ser” que no nos detenemos a apreciar el aquí y ahora. 

Estamos tan preocupados y ocupados “por darles lo mejor” que olvidamos que lo mejor es nuestro tiempo, amor, atención, reconocimiento, consejo, y guía. 

Nos preocupamos por darles la mejor consola de vidoejugos, cuando en realidad necesitan que juguemos con ellos, que veamos y comentemos una pelicula, no que les demos pases para que vayan solos con sus amigos al cine, necesitan que les preguntemos cómo fue su día, no una mega pantalla para arrullarse viendo la televisión. 

Necesitan que los impulsemos a hacer un deporte, que les aplaudamos y vitoremos sus logros y los abracemos en sus fracasos, siempre impulsándolos a seguir.

Te invito a que dejes de lado las cosas mundanas y le dediques el mayor tiempo posible a tus hijos; observalos como crecen, escuchalos, no los juzgues, guialos, se empático, trata de entender su mente, valora todos y cada uno de sus esfuerzos —aunque tu a su edad lo hayas hecho mejor —, desde el dibujo más feo, hasta la mas alta de las notas, o la más perfecta representación. 

No se trata de gratificar por todo, pero sí, de reconocer el esfuerzo en lo que hace. Quizá a veces te parezca tiempo perdido estar sentado, cansado y muerido de sueño en una clase extracurricular, pero para tu hijo/a es MUY importante tu presencia ahí, en esa banca. Quiere mostrarte lo que ha aprendido ¡velo, está frente a ti! Porque cuando meos te des cuenta habrá crecido y será muy poco que puedas verlo. 

P.D. abrazalos tanto como puedas y agradecerles su presencia.

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Written by Ay Mis Hijos

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